Fusión
por Confinamiento Magnético
En este momento en qu e el hombre ha conseguido unos niveles de
bienestar impensables hace tan sólo una generaciones, nos encontramos
en la disyuntiva de encontrar en un plazo relativamente corto
un sustituto energético al motor de nuestro progreso reciente:
el petróleo. Dadas las limitaciones y los problemas que acompañan
a otras energías es comprensible que la preocupación por encontrar
fuentes adecuadas para el futuro haya llevado a una intensificación
de la investigación en el campo de la fusión termonuclear. Fusión
es el proceso por el cual dos núcleos se unen para formar un tercero
a la vez que se libera una gran cantidad de energía, materializando
la predicción teórica de Albert Einstein de conversión de masa
en energía: E=mc2. Todas las estrellas del Universo utilizan reacciones
de fusión para producir la energía que las hace brillar y que
en el caso de nuestro Sol hace posible la vida en nuestro planeta.
Las ventajas de utilizar esta reacción de fusión como fuente de
energía son, en principio, enormes: baste pensar que "fusionando"
un puñado de isótopos de hidrógeno -Deuterio (10 gramos) y Tritio
(15 gramos)- puede generarse el promedio de electricidad que consume
una persona en un país industrializado durante toda su vida. Un
reactor basado en fusión es
intrínsecamente
seguro pues cualquier desviación de las condiciones óptimas de
la reacción produce su paro inmediato y el impacto medioambiental
de un reactor basado en estos procesos será mínimo. Por una parte,
el deuterio es muy abundante en la Naturaleza, dos de cada 6.500
moléculas de agua contienen deuterio. El tritio, aunque radiactivo
con su vida media de 12,3 años, será consumido en la propia cámara
de reacción donde a su vez es producido. Y el núcleo restante
de la fusión, helio, es inerte. Únicamente el neutrón producido
en la reacción puede convertir en radiactivas las paredes del
reactor, al chocar con las mismas pero sus consecuencias pueden
ser minimizadas utilizando materiales adecuados. Una intensa investigación
se está llevando a cabo en este campo y parece posible diseñar
cámaras de reacción cuya activación al cabo de unos pocos años
de la clausura del reactor sea despreciable, por lo que no sería
necesario el almacenamiento de residuos en formaciones geológicas.
Tampoco hay contaminación atmosférica alguna que favorezca la
lluvia ácida o el efecto invernadero. Tan prometedor panorama
sólo es estropeado por esta costumbre de la Naturaleza de ligar
íntimamente recompensa y esfuerzo. Los núcleos atómicos no se
unen espontáneamente; por el contrario, al estar cargados eléctricamente
con el mismo tipo de carga, se repelen fuertemente con una fuerza
más intensa cuanto menor es su distancia de separación (barrera
colombiana) y únicamente cuando esta barrera es atravesada y las
fuerzas nucleares de atracción, muy fuertes pero de corto alcance,
superan a las eléctricas de repulsión, se produce la fusión. La
temperatura necesaria para superar esta barrera y producir suficientes
reacciones es del orden de 100 millones de grados y naturalmente
la pregunta que inmediatamente surge es ¿Cómo podemos confinar
el combustible para que reaccione una vez calentado? Una respuesta
a esa pregunta es crear una "botella magnética" que aísle el combustible
de las paredes. Esta es la esencia del "confinamiento magnético"
de la fusión, que es el método de confinamiento más avanzado en
la carrera por la materialización de esta fuente de energía como
productora de electricidad y en el cual está basada la "trampa
magnética" que hemos construido en 1994 en la cual se produjo
por primera vez en España, un plasma (combustible) del tipo stellarator
confinado durante unas milésimas de segundo, y que servirá para
avanzar en el conocimiento de los procesos que rigen el comportamiento
de la materia a tan extremas condiciones. Reproducir en nuestro
planeta los procesos que nutren de energía al Sol no es problema
fácil pero el problema de la energía es el problema del progreso
humano. La humanidad debe encontrar una solución al problema energético.
Revista Ecología Nro.14