Los
últimos buscadores de Oro
Sin
duda, tiene el aspecto de un típico buscador de oro: la cara curtida,
los ojos vivos y lleno de ilusión, pelo canoso, barba larga y
descuidada, manos endurecidas por el trabajo y un cuerpo musculoso
y ágil a pesar de la edad. ¿Quién lo hubiera podido imaginar?
Busca oro, al igual que antaño, en las puertas del siglo XXI.
He dedicado casi toda mi vida a buscar oro. Vine cuando era muy
joven y ahora tengo 55 años. Reijo Huotari es uno de los últimos
supervivientes de la fiebre del oro. Como él sólo quedan unos
pocos hombres que viven todo el año en los alrededores de Tankavaara,
en Laponia finlandesa, más allá el Círculo Polar Ártico. Ermitaños
que han sabido adaptar su manera de vivir a las duras y solitarias
condiciones de la vida salvaje. "Tengo algunos amigos que vienen
a visitarme de vez en cuando. Aquí nació mi hijo, que ahora tiene
22 años, pero mi mujer se lo llevó hace tiempo a la ciudad". La
ciudad, un lugar lejano para estos hombres que una vez al año
se van a alterar su vida. A comienzos del verano llegan centenares
de visitantes, muchos de ellos expertos buscadores, con ilusión
de probar suerte y recoger algunas pepitas del codiciado metal.
La fiebre del oro. Pero esta historia se remonta al siglo pasado,
justo tres décadas antes de la Gran Fiebre del Oro de Klondyke,
en Alaska, aunque la existencia de este preciado
metal
en el norte de Finlandia era ya conocida en el siglo XVI. En aquella
época, y para ser más concreto en el verano de 1867, unos noruegos
encontraron oro en el río Tenojoki, en la frontera entre Finlandia
y Noruega. Informaron de su hallazgo a las autoridades finesas
que no tardaron en enviar una expedición. La búsqueda oficial
dio resultado y así comenzó la fiebre del oro en Finlandia. A
finales del siglo pasado la región lapona de Finaldia era un vasto
terreno salvaje, habitado tan solo por lapones nómadas y algún
agricultor, que se aprovechaba de la abundante caza y pesca de
la zona. No había caminos, la carretera principal llegaba sólo
a Rovaniemi, capital de Laponia finlandesa, ante la que se extendía
un inmenso terreno salvaje todavía por explorar. Los primeros
en llegar tuvieron que luchar duro. Sus propios pies y las canoas
eran el único medio de transporte en verano, mientras que en invierno
se utilizaban los esquíes y el trineo tirado por animales. Pero
a pesar de estas duras condiciones, muchos hombres encontraron
su camino hacia el oro. Se calcula que a comienzos de 1970 había
alrededor de 500 buscadores trabajando a orillas del río Ivalojoki,
el cual recorre gran parte de la región, aunque pocos se hicieron
realmente de oro. Tampoco otros ríos han destacado por una gran
cantidad de este preciado metal. Había oro y sigue habiendo, pero
no en grandes cantidades y al parecer, tampoco para hacerse rico,
aunque eso nunca se sabe, pues es como una lotería, te toca cuando
menos lo esperas. Una cosa sí es positiva para los que tienen
suerte, y es que el oro que encuentran es de muy buena calidad,
muy apreciado por los joyeros. "El oro que se encuentra aquí es
de 22 kilates. Huotari ha encontrado alrededor de tres kilos en
todo este tiempo y además algunas piedras preciosas, como granates
y esmeraldas." Pico, pala y plato. La búsqueda se lleva a cabo
a al antigua usanza, con pico, pala y plato, y todos los intentos
de extraer oro con ayuda de maquinaria han fracasado. Algunas
empresas inglesas y americanas, que habían conseguido su fortuna
en Klondyke, se instalaron en Finlandia irrumpiendo con su maquinaria
en los bosques fineses. Pero su esfuerzo fue en vano y no tardaron
en abandonar la búsqueda... Esto ocurrió en 1920, una década próspera
para la Laponia finlandesa que en esos años vio su renacer. Las
empresas mineras no se quedaron consigo carreteras, ferrocarril
y todo tipo de comodidades que facilitaban la vida inhóspita del
norte. La fiebre del oro en Finlandia ha sufrido numerosos altibajos,
condicionados en parte por la situación económica del momento
y el bienestar de los fineses. El número de buscadores aumenta
curiosamente en estos últimos años. Gente sin trabajo y jóvenes
hartos de la contaminación urbana, dan marcha atrás en el desarrollo,
buscando la vida salvaje del norte, con la esperanza, además de
hacerse ricos. Aunque tal vez lo del dinero sea lo de menos, y
lo que realmente buscan es huir de la civilización. Sin embargo,
el continuo aumento de buscadores de oro preocupa a las autoridades
que se han visto obligadas a limitar las licencias. Resulta difícil
controlar la cantidad de oro que sale de los ríos finlandeses
y nadie sabe realmente cuántos kilos se extraen por año. Además,
hay muchos buscadores fugitivos que actúan sobre todo en los meses
de verano. Para Reijo Huotari no hay problemas. La tierra donde
vive es privada. La compro hace 28 años. En la región Lapona de
Finlandia hay muchísimos lugares conocidos por su oro. Sin embargo
el de mayor atracción es Tankavaara, "la ciudad del Oro", un poblado
que surgió con motivo de conmemorarse el centenario de la "gran
fiebre". La efemérides se cumplió a finales de la década de los
setenta y alguien tuvo la idea de recuperar la tradición. Así
surgió el Museo del Oro, que guarda en su interior todo tipo de
reliquias relacionadas con la búsqueda y extracción del preciado
metal, y la posibilidad para los turistas de probar fortuna...
"Yo enseño a la gente, porque buscar oro no es tarea fácil. 24
horas de clase cuesta 30 marcos finlandeses, poco dinero para
un trabajo tan bonito", comenta Huotari, que compagina su profesión
de buscador profesional con el turismo. Pro volvamos a la década
de los setenta. La región dorada de Finlandia se convirtió de
pronto en noticia. La prensa, la radio y la televisión inventaron
historias sobre buscadores, su trabajo y su singular modo de vida.
Hasta el mismo presidente finlandés visitó la zona y muy pronto
se empezó a hablar de un campeonato mundial. Dicho y hecho, las
ideas se hicieron realidad convirtiendo el poblado de Tankavaara
en un gran centro turístico que a pesar de las comodidades conserva
ese aire genuino de los típicos buscadores de oro.