¿Una
civilización sumergida en Japón?
Una pirámide escalonada, avenidas, arcadas, columnas
hexagonales, escaleras... Ante los sorprendidos ojos de los arqueólogos
ha aparecido un extraordinario mundo submarino cerca de las costas
japonesas. Una serie de construcciones ciclópeas formadas por
rocas perfectamente talladas para las que los expertos calculan
una antigüedad de unos 10.000 años. A unos treinta metros de profundidad,
cerca de la costa de la isla japonesa de Yonaguni, la más meridional
del archipiélago, se encuentra una estructura piramidal escalonada,
de veinte metros de altura, que podría ser el recuerdo de un continente
que ya no existe o, en todo caso, la prueba de una civilización
desconocida, contemporánea de las primeras culturas mesopotámicas
y anterior al Egipto de los faraones. Descubierta por casualidad
en 1985, lo que comenzó siendo una curiosidad geológica puede
convertirse en el descubrimiento arqueológico más importante del
siglo, si lo que parece evidente para muchos investigadores -que
se trata de una estructura artificial-, acaba por confirmarse.
La construcción tiene un aspecto que ha sido comparado con el
de una pirámide escalonada sudamericana o con un zigurat mesopotámico,
pero no se encuentra aislada. Junto a ella, como formando parte
de un complejo de tipo ceremonial, aparecen los restos de anchos
paseos y avenidas flanqueadas por pilones, columnas hexagonales,
escaleras, arcadas y diferentes edificaciones, todas construidas
con enormes bloques pétreos perfectamente alineados. Todavía más
sorprendente resulta que los inexplicables restos submarinos no
estén limitados a una única área de la isla. Los investigadores
Kihachiro Aratake, el primero en descubrir los restos en Yonaguni,
y Masaaki Kimura, geólogo marino de la Universidad de Ryukyu en
Okinawa, han hallado ocho lugares con formaciones en apariencia
artificiales. Entre éstos, los más interesantes, además de los
de Yonaguni, son los encontrados cerca de la ciudad de Naha, en
la isla de Okinawa, donde existe una pared formada también con
grandes piedras talladas. Durante el verano de 1996, un veraneante
que practicaba el submarinismo en la isla de Okinawa -uno de los
destinos preferidos por los japoneses para las vacaciones debido
a su clima templado- descubrió, a unos doce metros de profundidad,
una enorme plataforma, aparentemente tallada por la mano del hombre,
formada por bloques cortados y unidos entre sí casi a la perfección.
La claridad de las aguas de esta zona del Pacífico, que permite
ver hasta 60 metros bajo el agua, ha sido determinante a la hora
de encontrar nuevos enclaves de restos ciclópeos. ¿Se trata de
construcciones artificiales? Para Masaki Kimura no cabe duda.
Para este geólogo, que lleva 13 años estudiando el enigma, se
trata de monumentos construidos por la mano del hombre, dejados
por alguna civilización desconocida de Asia. También opina que
la construcción de esos monumentos habría requerido un alto grado
de desarrollo técnico, así como algún tipo de maquinaria. La antigüedad
de los restos no está determinada de forma definitiva, aunque
existen una serie de hipótesis. Por un lado, se especula con que
las edificaciones podrían haber sido erigidas antes del final
de la última era glacial, cuando el nivel de los mares era notablemente
inferior al actual. También podrían estar bajo el agua a causa
de algún movimiento tectónico producido en tiempos más modernos;
no hay que olvidar que todo el archipiélago japonés se encuentra
en una de las zonas del planeta de mayor actividad sísmica. Una
combinación de estos dos factores también sería plausible. Para
Teruaki Oshii, profesor de geología de la Universidad de Tokio,
las estructuras son, al menos parte, obra del ser humano, que
podría haber aprovechado algunas formaciones geológicas preexistentes
para realizar los monumentos. <
>,
ha señalado. Su origen se remontaría, según el geólogo, al 8.000
a.C., la misma época en que comenzaron su andadura las primeras
civilizaciones del valle del Indo o de Mesopotamia. Robert Schoch,
profesor de geología de la Universidad de Boston y uno de los
investigadores que sostienen una antigüedad muy superior a la
aceptada por los arqueólogos para la Esfinge de Giza, ha sido
uno de los primeros científicos occidentales que han estudiado
las curiosas formaciones. <>.
El geólogo añade que <>,
y se muestra convencido de que tienen una antigüedad de unos 10.000
años si, como él cree, se confirma que, al menos en parte, son
artificiales. Sin embargo, este geólogo y el egiptólogo heterodoxo
John Anthony West, quién también ha estudiado las formaciones,
han hallado, hasta el momento, más interrogantes que respuestas.
Encontrar una solución al enigma es lo que pretende la expedición
Yonaguni-98, dirigida por Michael Arbuthnot, aventurero aficionado
a la arqueología y al submarinismo, que se ha rodeado de un equipo
de reconocidos investigadores para intentar saber qué se esconde
tras esas formaciones. Para empezar, han hallados dos tipos de
construcciones claramente diferentes: las que se encuentran en
la isla de Yonaguni, que podrían ser plataformas para usos ceremoniales,
y las próximas a la costa de Okinawa, con aspecto de ser el muro
de una construcción fortificada, como un castillo, y que además
tiene un estilo arquitectónico muy similar al de otras edificaciones
parecidas que se encuentran en la isla. <
>.
También le ha llamado la atención a Arbuthnot descubrir unos agujeros
en las plataformas que podrían haber sido destinados a soportar
una estructura de madera, que por supuesto habría desaparecido
bajo el agua. De esta forma se reforzaría la idea de que se trataría
de un centro ceremonial en el que una base pétrea soportaría las
paredes y el techo de madera. Tal vez, como propone Kimura, sea
un templo dedicado a Narai-Kanai, una deidad de milenaria tradición
en Okinawa. O puede que un centro religioso destinado a una divinidad
desconocida. En todo caso, si se confirma el origen artificial
de las construcciones submarinas japonesas habrá que reescribir
la historia del nacimiento de las primeras civilizaciones. Una
cultura desconocida floreció en las orillas del Pacífico antes
del fin de la era glacial y dejó para la posteridad sus construcciones
ciclópeas, curiosamente parecidas a otras de Sudamérica. ¿Existió
alguna conexión entre las civilizaciones precolombinas y esa desconocida
cultura de Japón? ¿Pudieron llegar hasta América esos antiguos
japoneses? Incluso se plantea la posibilidad de que restos encontrados
sean parte del continente Mu, desaparecido bajo el mar como la
Atlántida, según diversas leyendas. Un continente que podría ahora
comenzar a desvelarnos parte de sus misterios.