¿Por
qué existen tantas razas?
Todos
pertenecemos a una única especie, el Homo Sapiens. La prueba es
que Ud. Puede tener
descendencia con cualquier otro ser humano, no importa lo alejado
que esté o en qué punto del globo viva. Pero es evidente que no
todos somos iguales. Si entra un esquimal por su puerta -piernas
cortas, cuerpo rechoncho, tronco largo y una gran capa de grasa-
Ud. No tendrá problemas en diferenciarlo de un nigeriano, que
además es muy diferente de un sueco. Las clasificaciones tradicionales
hablan de 27 grupos raciales, por decir un número. En ese sentido,
los seres humanos están agrupados en cuatro troncos: razas blancas,
con piel blanca, pelo ondulado o fino, ojos de coloración variable;
las negras o melánidas -piel oscura o negra, y pelo crespo- que
agrupa, entre otros, a pigmeos y bosquimanos; amarillas o mongoloides
-piel amarilla, rostro aplastado y ojos oblicuos- y un tronco
racial que incluye los aborígenes australianos y melanesios. Más
que razas hay variedad humana En realidad, no hay acuerdo en cuanto
al número de razas y a su clasificación. Para algunos antropólogos
prestigiosos, como Luigi Cavalli Sforza, de la Universidad de
Stanford, en California, el término raza puede llegar a ser confuso
"el hecho es que no existen razas humanas precisas", "lo que encontramos
es una variación continua y gradual. En los seres humanos, al
contrario que en algunos animales, no se dan razas delimitadas
con claridad. Puedes afirmar que existen cuatro, cinco, cincuenta
o sesenta razas, y todo es igualmente válido". "Raza es sinónimo
de variedad", afirma María Dolores Garralda profesora titular
de la Sección de Antropología de la Universidad Complutense de
Madrid. "Por regla general, podemos distinguir el esqueleto de
un asiático del de un europeo", explica esta antropóloga. "El
cráneo de un chino por ejemplo, muestra rasgos mongoloides, como
la ausencia del tercer molar o los incisivos en pala, aunque algunos
de estos rasgos pueden encontrarse en individuos aislados de raza
blanca. A veces es muy difícil precisar si un esqueleto es de
una variedad".
En una investigación criminal, los antropólogos forenses tienen
que identificar a qué raza pertenece un cadáver. "En EE.UU. identifican
si un cadáver descompuesto es de un hispano o un negro", explica
María Dolores Garralda. Olvídese del color de la piel y se llevará
bastantes sorpresas: entre el 70 y el 80 por ciento de los escoceses,
africanos y aborígenes australianos muestran el grupo sanguíneo
O. ¿Les agruparíamos en la misma raza? Un grupo nigeriano negro
llamado Fulani puede digerir la leche, a diferencia de la mayoría
de los negros africanos, y lo mismo sucede con la mayoría de los
europeos -especialmente en Europa Central y del Norte- árabes
o indios. ¿Resultan de una misma raza? Las clasificaciones resultan
claramente insuficientes, y más si recurrimos al ADN. "En estos
momentos es muy difícil diferenciar el ADN de un africano del
de un europeo", afirma Jaume Bertraperir, catedrático de Antropología
de la Universidad de Barcelona. "No se puede poner una raya que
diga dónde empieza una raza y dónde acaba otra". "Las diferencias
genéticas entre los individuos son mayores entre las poblaciones",
recala Sforza. Para Bertranpetit, las pequeñas diferencias se
explican debido a que "la diversificación entre las poblaciones
es un fenómeno muy reciente". El ADN nos vendría a decir que las
razas, o la diversificación entre los grupos humanos, es algo
relativamente nuevo dentro de la evolución humana. Marco Polo
nunca hizo distinciones El hombre moderno tiene una antigüedad
de unos 100.000 años, y las "razas" ya se identifican con rotundidad
desde hace unos 35.000. "Los seres humanos modernos se originaron
en África hace unos 100.000 años y después se dispersaron por
la Tierra", afirma Sforza. El término raza no resulta lo suficientemente
preciso. "Implica que existen ciertas diferencias claras, asociadas
a determinadas zonas geográficas, que se pueden reconocer en determinados
grupos dentro de la especie humana", recalca Bertranpetit, "pero
no son, de ninguna forma, delimitables. Por tanto, el concepto
de raza queda vacío. Decir cuantas razas hay es algo que no tiene
sentido". El antropólogo estadounidense Loring Brace, de la Universidad
de Michigan, afirma que la idea de raza surgió con los viajes
transoceánicos, en el Renacimiento. Marco Polo, que viajaba a
pie o en camello, nunca pensó en términos raciales, ni se le ocurrió
categorizar a las personas, porque, según Brace, "veía a todo
el mundo que quedaba entre medias". Tomemos un avión hasta Tokio,
y en 20 horas comprobamos lo distintos que son los japoneses de
nosotros. Pero ignoramos todas las demás formas. "La variación
humana es algo continuo de un sitio a otro, afirma Bertranpetit.
Para María Dolores Garralda. "A veces es fácil atribuir a un individuo
una variedad racial. Yo no tengo problemas en decir que Nelson
Mandela pertenece a la raza Bantú". ¿Por qué existen tantas razas?.
"Las diferencias que vemos entre los grupos humanos obedecen a
adaptaciones evolutivas relacionadas con los ambientes en que
viven", responde Bertranpetit. Son consecuencia de la selección
natural Al vivir a temperaturas bajo cero los esquimales se protegen
con un cuerpo redondeado y más grasa reduciendo la superficie
corporal y por tanto la pérdida de calor. Los Dinkas, que viven
en los tórridos lugares del África Oriental, tienen los cuerpos
altos y los huesos largos y estrechos, para aumentar al máximo
la superficie corporal y así retener el calor lo menos posible.
En ambos casos, lo que vemos aquí es el resultado de la selección
natural, lo que explica por qué un Dinka es tan distinto de un
Inuit o esquimal. Así se forma una raza; una población, relativamente
aislada, vive en un lugar soleado durante miles de años. La selección
natural elegirá, entre toda la variabilidad genética humana, a
los individuos con genes que les confieran una piel más oscura
y eficaz para protegerse de los rayos ultravioleta. Son los que
tendrán más posibilidades de no sufrir un cáncer de piel y dejarán
descendencia, transmitiendo ese gen o grupo de genes favorables.
Con el tiempo, los individuos de piel oscura se harán más numerosos
y mayoritarios dentro de la población. Melanina, cáncer y discriminación
racial El color de la piel, los ojos y el cabello dependen de
un pigmento llamado melanina, producido por unas células llamadas
melanocitos. "Las diferencias en la pigmentación cutánea entre
los seres humanos no dependen más que de unos pocos genes, en
torno a 4 ó 5", afirma Bertranpetit. La melanina protege contra
el cáncer de piel, pero también es el punto de discordia; el color
de la piel se ha usado, de forma totalmente injustificada, para
discriminar a las poblaciones negras. "El racismo no tiene nada
que ver con las diferencias entre las poblaciones, y responde
a las manipulaciones y la ignorancia", dice Bertranpetit. "Las
poblaciones de Oriente medio son, genética y morfológicamente,
muy parecidas, pero tienen graves problemas de convivencia, como
los árabes y los judíos". ¿Cómo se puede explicar el fenómeno
racista?. Evidentemente, no es un asunto nuevo. Desde que, en
1775, el anatomista alemán Johan Friedich Blumenbach clasificara
a los seres humanos en cinco grupos raciales (caucasianos, mongoloides,
etíopes, americanos, y malayos, que incluían a los polinesios,
melanesios y aborígenes australianos), el racismo ha estado presente
entre nosotros. Blumenbach nunca fue racista, sino un gran científico.
Sus conclusiones nada tienen que ver con las matanzas de Ruanda
-cerca de medio millón de muertos de los tutsis a manos de los
hutus- o el conflicto de la antigua Yugoslavia. "En líneas generales,
hay un incremento del racismo", explica Cavalli Sforza, "porque
ahora es más fácil encontrarse con personas que vienen de países
más pobres que buscan mejores condiciones para trabajar y vivir".
Cavalli Sforza, considerado como uno de los mejores expertos del
mundo en el estudio de la razas humanas, se lamenta de todo esto,
y concluye. "Los políticos se aprovechan de la hostilidad latente
que existe entre diversos grupos, como es el caso de Ruanda o
Yugoslavia, ya que es fácil explorar esta animadversión para escalar
posiciones de poder.